El causante de los rebrotes del que nadie habla

Las cadenas desaparecen cuando más se las necesita.

 

Estamos a punto de adentrarnos en un ciclo sin fin. La irresponsabilidad ciudadana y la inexactitud política están siendo cómplices en lo que parece que será el previo a un segundo confinamiento. Los casos de Covid19 vuelven a aumentar a pasos agigantados y la vacuna ni está ni se la espera hasta dentro de unos meses. Volvemos al pasado como si nada nos importase y la televisión, como todos los sectores del país, volverá a apretarse el cinturón si todo vuelve a frenar en seco. ¿Os imagináis un programa aún más low cost que ‘La Última Cena’? ¿O ver reposiciones de programas más antiguos aún que ‘Tu Si Que Vales’? ¿Cuántas veces habéis visto ya ese peliculón que repiten cada cierto tiempo? Abramos este melón; ¿es irresponsable vaciar la caja tonta de contenidos cuando más falta hace mantener a los ciudadanos frente al televisor?

De acuerdo, no podemos acusar al apagón estival televisivo de los rebrotes de coronavirus. Si te soy sincero, el título de este artículo no es más que un claim para atraer tu click, síntoma de la desesperación que también está viviendo el sector en el que trabajo. Pero en serio, reflexionemos un poco sobre esto. En un momento en el que los políticos están apelando a la responsabilidad ciudadana, sin apenas restricciones, las cadenas mantienen su mensaje positivista y empático mientras pinchan reposiciones. “Todo irá bien, estamos y estaremos contigo”, pero en agosto no, en agosto sal a la calle que la publicidad está muy barata y preferimos meterte reposiciones de formatos de 2013 y películas que has visto hasta tres o cuatro veces. ¿Cómo podemos pretender que en el mes más caluroso del año los españoles y las españolas reduzcan su ocio callejero si no les ofrecemos nada a cambio? A lo máximo que aspira un espectador en estos momentos es a ver una serie turca o un programa de ‘Typical Spanish’. Y disculpa mi humor negro, pero más de uno preferirá contagiarse a tragarse el programa soporífero de Frank Blanco.

En un curso normal, es lógico que las cadenas paren rotativas para coger fuerzas. Pero este no ha sido un curso normal. Muchísimas producciones se han quedado en el cajón a causa del descenso económico publicitario, ofreciendo al espectador una parrilla de segunda. Durante el confinamiento se llenaban la boca para decir que eran la oferta de entretenimiento o informativa elegida por los espectadores para superar la pandemia. Ahora siguen haciéndolo pero con un mojito en la mano y un Christian Gálvez rejuvenecido por arte de magia en pantalla. Bueno, por arte de magia no, por arte de morro, mucho morro.

¿Y las plataformas de streaming? Pues rodando y estrenando sin parar. HBO, Amazon Prime Video, Netflix, ATRESplayer Premium… todas ellas están recuperando series míticas y estrenando nuevas ficciones para contentar a sus suscriptores, dejando a la televisión convencional única y exclusivamente como medio para informarse. Pero la gente ya está cansada de discursos del Presidente, Illa y Simón. Solo hace falta ver a Vallés, que lideró por encima de una entrevista a Pedro Sánchez en Informativos Telecinco. Lo nunca visto.

Igual que han habido doctores doblando turnos, transportistas pasando días sin ducharse y reponedores trabajando horas extra en los supermercados del país, hubiera sido todo un detalle cambiar las normas del juego y ofrecer un verano único para los espectadores. Una oferta que indirectamente obligara a los españoles a quedarse en casa con el ventilador encendido y un vaso de gazpacho fresquito. Por responsabilidad y por coherencia. Mediaset dice “#EstoNoTieneQueParar”, Atresmedia presume de “un gran verano para un gran país”. Lástima que no se refieran a sus parrillas.

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