En tiempos de guerra, Jordi Évole

El presentador ha dado voz a héroes, contagiados y referentes sociales para hablar sobre el Coronavirus.

 

Si Skype cobrara un euro por cada videollamada realizada estos días, la empresa se haría de oro. En tiempos de confinamiento, el entretenimiento y la comunicación con nuestros seres queridos son vitales para poder paliar esta situación. Estos días estamos viviendo una sobrecarga de información en los medios. Contagios, muertos, confinamiento, cuarentena, más contagios, más muertos, más confinamiento, más cuarentena. Las programaciones especiales se extienden desde que sale el sol hasta que vuelve a ponerse, dejando muy poco espacio para los momentos de desconexión y catarsis emocional. Pero si la información es la firma de la cadena, la victoria residirá en aquellos que sepan entretener con la información. En dejar de lado los datos y las últimas horas por un momento para sentarse y dialogar, pensando en las personas, poniéndolas en el centro. Solo Jordi Évole podía hacerlo.

La noche de los domingos es complicada para la información. Llegas en un día parado, tarde para informar de lo que ha sucedido durante la semana y pronto para saber lo que depararán los próximos días. Con la crisis del Coronavirus, las informaciones surgen a cada minuto y el grabado tiene el peligro de quedar desfasado en cualquier momento. Pero Évole ya está acostumbrado a esta franja y a trabajar pegado al día de emisión. El equipo de Producciones del Barrio ha entendido que lo que la gente necesita y han vuelto a hacer de altavoz de los silenciados. Ha sabido adaptarse al estado de alarma y se han sumado a la acción que están haciendo todos los españoles: darle al botón de “iniciar videollamada”.

Historias desde casa

Desde un ambiente cercano, hospitalario y lleno de verdad, Jordi Évole nos ha abierto las puertas de su casa a través de la webcam de su ordenador. Sin perder la esencia ni el estilo de sus entrevistas, el equipo de Évole ha sabido crear una oferta interesante para el espectador, mezclando testimonios e historias anónimas con rostros conocidos como Alfred García o el mismísimo Papa de Roma. Y por eso es importante la labor que hace el programa: une historias sin distinciones, dando la misma importancia a todos sus invitados. Abre en cada hogar español una ventana a la verdad, algo que poco a poco se ha perdido en televisión y que, cuando se produce, da una bocanada de aire fresco e ilusión.

No estamos viviendo nuestro mejor momento y la televisión debe ser un apoyo. Un apoyo para informarnos, sí, pero también para desconectar. La televisión tiene la obligación ética y moral de darnos ápices de esperanza, de dejar la frialdad de los expertos y acercarnos a la realidad social. ‘Lo de Évole’ nos ha ayudado con ello. Hemos presenciado historias de superación como la de Oti, una camionera que llevaba días sin comer caliente ni poder ducharse. Ella ha utilizado el altavoz de Évole para denunciar la situación y hacer ver que su papel en esta crisis también es fundamental. Nos hemos reído con Mari Carmen, una limpiadora que también está en riesgo pero que lleva la situación de manera optimista. También hemos disfrutado de la divulgación y reflexión de Daniel y Maria, dos filósofos que han llevado el debate del Coronavirus más allá del propio virus.

En definitiva, Jordi Évole es necesario. Las Producciones del Barrio son necesarias. La verdad en televisión es necesaria y solo con programas como el de Évole podremos seguir dando voz a aquellos que se ven ahogados por la injusticia y la incomprensión social. En tiempos de guerra, verdad e información. En tiempos de guerra, Jordi Évole.

Deja un comentario