El satÉLITE sigue funcionando

El pasado viernes 6 de setiembre se estrenó la segunda temporada de ‘Élite’, otra de las exitosas ficciones españolas de Netflix y su vuelta ha sido a lo grande.

*Contiene spoilers

‘Élite’ mantiene sus principales pilares que llevan a la ficción a seguir siendo un fenómeno de masas: sexo, intriga, muerte, desapariciones, fiestas, alcohol, drogas, jóvenes y sobre todo, plasmar un mundo adolescente con el que muchos se ven identificados en algún momento o de lo contrario, sienten que sin ser su vida así, con los personajes, son unos más en esa vida de ficción y eso les encanta.

La segunda temporada arranca con la muerte de Marina en la mente de todos, con al asesino (Polo) conocido por el espectador y como a lo largo de la misma se van desarrollando todos los hecho que harán que todo gire en torno a hacer justicia y condenar al verdadero asesino y no culpabilizar a los que han sido castigados sin tener culpa. En medio de todo esto aparecen nuevos personajes, algunos pedirán a gritos poder vivir sin permiso mientras que otros buscarán trabajos por todos los medios y si hace falta llamarán al Chiringuito del tío Pepe para trabajar.

Sin duda, lo mejor de esta segunda parte ha sido el peso de sus personajes en las tramas. Unas tramas más corales y con protagonismo repartido. Porque pese a que Marina, ya muerta es el detonante de todo, parece que su sombra se escapa de los espectadores y eso se agradece (el peso de esta en la primera temporada fue excesivo y no permitió acercarse ni conocer en profundidad otras tramas que esta segunda han dado mucho juego).

Pero el gran patinazo sigue radicando en las interpretaciones de los actores y actrices de la ficción. Su juventud recuerdan papeles de actores cuando empiezan en series de un estilo similar como: ‘Física o Química’, ‘Skins’ o ‘El Internado’. La poca credibilidad, sus rostros sin sentimiento y las caras de póker en muchas secuencias que requieren un plus de interpretación, hacen menos creíble todo lo que pasa o no permiten hacer de escenas maravillosamente creadas, convertirlas en momentos sublimes gracias a la interpretación.

El caso de Ander y Omar es una buena muestra. Son una pareja que gusta, pero que expresan lo mismo que un cero a la izquierda. Sus frases no llegan, no son creíbles y solo el buen guión que los conduce y les separa a la vez, y cuando están sin camiseta en sus escenas más íntimas, parece que la gente conecta.

Una de las fuerzas de esta segunda temporada es la familia de Omar y Nadia. Cogen un peso en la trama necesario. Omar abandona, o mejor dicho, es expulsado por su padre de casa, tras no poder soportar más no ser el mismo.

Nadia nos trae una de las mejores escenas de la temporada cuando confiesa ante sus padres que circula un vídeo de ella con Guzmán agarrándose con fuerza el cuerpo y detonando un estado de ansiedad, nerviosismo y culpabilidad que hacen de esa escena una de las más potentes de la temporada por todo lo que ello comporta. La familia muestra la cultura musulmana de la opresión y la falta de libertad que los personajes de Omar y Nadia tanto añoran del resto de sus compañeros. Eso permite una comprensión y empatía del espectador brutal.

Y que decir de los nuevos:

  • Valerio, el hermano de Lu, ha llegado para revolucionarlo todo, para demostrar el papel de la persona que le importa todo muy poco, pero que las verdades y los sentimientos los hace visibles aunque ello le comporte problemas. Con su ‘hermana’ en la ficción y con Nadia hemos visto visibles estos hecho.
  • Cayetana, la chica de la limpieza que aparentemente era una multimillonaria sin problemas en su vida. Un personaje que no pinta nada en la serie. Poco aporta y no empatiza con el espectador, hasta el punto que creo que la han liado con Polo y es la que lo ha defendido al final escondiendo el arma del crimen, para darle algo más de peso, porque pasa sino por tierra de nadie. Esto nos abre un escenario de fuerza para su personaje de cara a la tercera temporada que espero que sepan llevar.
  • Y por último Rebeca, la choni rica, que se hace amiga de Samuel. Un buen papel en la serie que aporta ese punto rebelde y fuera del mundo de los ricos que ha dejado esta temporada el personaje de Nano (al estar en la cárcel gran parte de la temporada). Se hace querer porque pese a sus formas, es diferente al resto, muestra una personalidad deslumbrante y desde un principio se la ve enamorada de Samu y como ese amor no es correspondido. Veremos que nos deparan estos dos más adelante, siempre que el negocio lo permite.

Un vez terminado el visionado de esta segunda temporada nos quedan muchas tramas abiertas que dan pie, una vez más, a tener que esperar con ansia a la nueva temporada.  Han conseguido mantener el ritmo, la esencia y la intriga haciendo de ello el éxito de la ficción que tiene un largo recorrido todavía.

Todo ello, hace pensar que perfectamente seria un serie que encajaría en la televisión convencional incluso más que en el formato de emisión de Netflix (toda la temporada de golpe). El motivo es claro: la intriga de la ficción dejaría en ascuas a los espectadores semana a semana que dedicarían cada día de espera hasta la próxima emisión, a cebar con comentarios y rumores que todavía retroalimentarían más la serie y su éxito. Y no olvidemos lo que implica atraer el público joven (que es el mayoritario de ‘Élite’) a la televisión convencional. Las cadenas se frotarían las manos por tener una serie así.

Por que ‘Élite’ si funciona y no lo hace a cuarenta y cinco revoluciones, se mueve a un ritmo vertiginosos pese a que tiene muchas cosas por mejorar. Nos mantiene a todos conectados a todo lo que va pasando y podemos estar tranquilos, porque de seguir así la cosa irá bien. Podemos decirlo alto y claro: la conexión con el espectador es excelente gracias a un buen satélite que sigue funcionando a las mil maravillas.

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