¿Es Ferreras un encubridor del régimen?

Un poco de in-deep checking sobre mantras que agitan Twitter en relación a la “guerra de los medios” entre Atresmedia y TVE.

 

¿Es TVE una televisión al servicio del PSOE?

Pues mira, no. Lo afirme Marhuenda cada vez que se le da la oportunidad en Espejo Público (sí, ¡en Antena 3 hablando de parcialidad!) o lo sugirieran hoy los chyrons de Al Rojo Vivo (hemos pedido el VAR a Newtral, os mantendremos informados).

TVE no es una televisión parcial al servicio del PSOE, es una televisión que recupera de la mejor manera que saben sus profesionales (los de base, los de siempre) el prestigio que perdió durante los años de infame entrometimiento del Partido Popular. Su directora de Servicios Informativos fue apoyada casi por unanimidad entre los trabajadores y los consejos de informativos no han remitido quejas como hicieran de manera constante en los años de Rajoy.

Rosa María Mateo es una prestigiosa periodista que llegó desinteresadamente y para dos meses. Si sigue en el cargo no es por gusto suyo, como ha manifestado en más de una ocasión. Y sí, pese a que hoy por hoy se hace lo mejor que se puede, a RTVE (y a la sociedad española, que se refleja en ella) le urge llevar a buen puerto un concurso a presidente que cuente con el respaldo total del Congreso. RTVE necesita YA estabilidad, proyecto, independencia y mucha más financiación y fuerza.

¿Se rige Atresmedia por criterios estrictamente periodísticos?

Pues mira, no. Atresmedia es una empresa privada que, igual que su compañera de duopolio Mediaset, lleva décadas campando a sus anchas. Nacieron por concesión del Estado con la promesa de ejercer un servicio de función pública, pero la dejadez institucional les ha transferido un poder sobredimensionado que no puede ser mejor para los intereses económicos de sus propietarios, pero que no puede ser más cancerígeno para el interés de una sociedad española de la que abusan y se ríen.

Atresmedia es una empresa privada con un control prácticamente nulo del Estado: apenas rinden cuentas por el contenido, la vigilancia de la CNMC les sabe a caricias y la mayoría parlamentaria ni les tose ni se les pasa por la cabeza. Ya solo por esto, ¿qué criterio más que el puramente económico debe esperarse de una empresa así?

Pero vayamos al detalle del formato del (afortunadamente) fallido debate a 5 del 23 de abril. ¿Qué clase de criterio estrictamente periodístico lleva a contar con un partido de extrema derecha sin representación parlamentaria pero no con otros con grupo propio (ERC y PNV) o, incluso, sin representación y también en auge pero con seis veces más votos en las últimas generales (PACMA)? Pues un criterio supuestamente periodístico que enmascara un criterio puramente morboso y de espectáculo de entretenimiento.

¿Qué clase de criterio estrictamente periodístico lleva a dedicar uno de los tres bloques del debate (¡¡¡un bloque entero!!!) a un conflicto (el catalán) que no está entre las preocupaciones de los españoles, mientras que los problemas que sí preocupan de verdad (paro, corrupción, ineptitud de la política) no tienen ni siquiera mención en la presentación del formato? Pues un criterio “periodístico”, de nuevo, que encubre el modelo que todo el mundo sabe que es Atresmedia pero que la espiral del silencio (¡ay, no me toquen la libertad de prensa!) conduce a callar: un modelo del espectáculo.

El único debate con criterio periodístico posible es el que celebra en una televisión que goza (o sufre) las restricciones que emanan del Congreso, es decir, TVE. Con sus errores o aciertos, solo sus trabajadores pueden garantizar un debate neutral y equilibrado, un debate que, además, pueda llegar a todo el mundo (¡también a los españoles en el extranjero!) a través de un ofrecimiento gratuito de la señal a todas las emisoras (ningún derecho intelectual privado a blindar, a diferencia de Atresmedia) y de una cobertura global inigualable gracias a su canal internacional. Esto sí es servicio público.

¿Es Ferreras un encubridor del régimen?

Pues mira, tampoco. Antonio García Ferreras y Ana Pastor, como las caras más visibles de LaSexta, tienen que hacer un papelón: son unos periodistas como la copa de un pino, con una trayectoria demostrada al servicio del interés público, que asumen (por suerte, me atrevería a decir, no fuera que su puesto lo ocupara un Eduardo Inda de turno) la contradicción de trabajar para una empresa del IBEX-35.

LaSexta es tan de izquierdas como el marco mental general de la sociedad le permite, no más. Asumiendo que el sistema capitalista de masas es una rueda indestructible, o, al menos, que solo es destructible desde dentro del sistema, que el capital tenga hueco para una voz contra el capital ya es a todas luces un desahogo. Como muchos, yo personalmente también me estimaría que el régimen capitalista colapsara y triunfara una sociedad plenamente libre, horizontal, inclusiva, abierta, consciente, feliz… Pero no elijo yo que esto no vaya a ser más que un perpetuo horizonte hacia al que avanzar, y es innegable que LaSexta contribuye, poco o mucho, de alguna manera. Sí, es el régimen dando migajas quizás, pero son migajas o es la muerte. Así de triste.

Ferreras, Pastor y otros periodistas de izquierdas y comprometidos de LaSexta ejercen una función que es vital para oxigenar el marco mental de la sociedad. Aun así, a nadie se le escapa que al final trabajan en pro del beneficio privado de los dueños de su empresa, lo que implica necesariamente caer en contradicciones éticas.

Que Eduardo Inda esté en la tertulia de Al Rojo Vivo no es justificable, por mucho que un descolocado Ferreras lo intentara justificar ante un (excepcionalmente) valiente Pablo Iglesias. No lo es, y lo sabe Ferreras, y lo sabe Pastor, y lo sabemos todos los que de verdad queremos, creemos, y luchamos en la medida de nuestras posibilidades por un país justo. Ferreras no es un encubridor del régimen, es un currante que, con sus errores, hace lo mejor que puede. Sin duda, eso sí, uno echa en falta más autocrítica, valentía y transparencia: que eres un periodista de izquierdas en un medio de naturaleza anti-izquierdista, pues lo asumes y lo dices.

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