Larga vida a la resistencia

‘La Casa de Papel’ vuelve por todo lo alto con explosiones, amor y feminismo.

 

Permitidme que el inicio de esta crítica sea un poco más personal de lo habitual. En el ámbito del periodismo televisivo, la primera vez que sentí que mi trabajo tenía recompensa fue rodeado de máscaras de Dalí y periodistas. Desde entonces guardo un especial cariño hacia la serie, incluso creo que la veo con otros ojos. 

Siempre he escuchado que el cine español no vale nada. Con el tiempo me he dado cuenta de que es la ignorancia la que alimenta esa reflexión. Y no la ignorancia del espectador, la ignorancia del directivo que no arriesga por la ficción de altura, digna de una super producción norteamericana. Así pues, antes de alabar el maravilloso trabajo que ha hecho Netflix con la continuación de ‘La Casa de Papel’, quiero agradecer a Sonia Martínez y a todo el equipo de Atresmedia la valentía que demostraron a finales de 2016 dando luz verde al proyecto. Estrenar una serie de este calibre en abierto es un hecho admirable. 

La tercera temporada de ‘La Casa de Papel’ es una auténtica fantasía para los fans de la serie. Si os soy sincero, ahora entiendo porque Netflix no se atrevió a desvelar el presupuesto de producción durante la presentación de la temporada: el despliegue de medios es abrumador, elevando el poderío de la trama a su máximo exponente. 

Álex Pina ha llevado el fenómeno mundial de la serie a la pantalla, aprovechando la locura roja para hacer de la máscara de Dalí un símbolo de resistencia social. La política y los secretos de estado han cogido fuerza en una trama protagonizada por las relaciones personales. Y es que ‘La Casa de Papel 3’ nos lleva por las cloacas de la corrupción y el amor en todos sus sentidos. Desde el desamor, al amor de madre, pasando por la nostalgia desoladora y la rabia del cobarde. Todo ello defendiendo una mirada feminista que hace ver al espectador lo importante que es callar y escuchar y lo poco que lo hacemos.

Un elenco estelar

No supe que existía en mí la necesidad de descubrir personajes nuevos hasta conocer a los interpretados por Najwa Nimri, Fernando Cayo y Rodrigo de la Serna. Una villana como la inspectora Sierra, un cabronazo del nivel de Tamayo o el sustituto perfecto de Berlín con Palermo.  Si a estos grandes de la interpretación les sumas la calidad del resto del elenco, el resultado es impactante, adictivo pero sobretodo veraz. 

La dirección de fotografía está en su máximo esplendor, como el diseño sonoro que te envuelve en una trinchera de disparos, gritos y alguna que otra explosión. El montaje es trepidante y la duración de los capítulos hace que el ritmo nunca baje. Me he visto toda la temporada del tirón, con eso lo digo todo. 

El ‘Bella ciao’ retumba por las paredes de las casas de medio mundo. El fenómeno crece y la cuarta temporada ya asoma. Quedarse con la boca abierta y llevarse las manos a la cabeza es la mejor reacción que un cliffhanger puede causarte. Larga vida a la resistencia.

 

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